¡San José, un papá catequista en casa!

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¡San José, un papá catequista en casa!

El mes de marzo que muchas veces queda encuadrado dentro de la Cuaresma, tiene a bien romper el ambiente de silencio, austeridad y preparación a la Pascua, cuando llega la fiesta de San José. ¿Y cómo no ser así? Si se trata del hombre al que Dios eligió desde  toda la eternidad para ser el padre adoptivo del mismísimo Hijo del Altísimo.

San José es, sin lugar a duda, una persona importante en la vida de Jesús, de María y de la Iglesia universal. Su papel, aunque discreto y silencioso es crucial en la Historia de la Salvación. Es el último patriarca del Nuevo Testamento.

san jose con adol.

Recordemos que el padre hebreo tenía la obligación de enseñar la ley y el estilo de vida propio del pueblo de Israel; por tanto, es José quien ofrece a Jesús la formación como israelita, enseñándole a observar los mandamientos, a conocer la Ley y las tradiciones propias del pueblo elegido por Yahvé. ¡Vaya misterio: José, por disposición divina, ¡fue su catequista en casa! Enseñó a Jesús a conocer las Escrituras, a orar, a amar a Dios Padre, a adorarlo con todo el corazón, como Él lo hacía. También le enseñó a tomar parte en la historia que le tocaba vivir, comprometiéndose desde su situación social, con las causas del Padre: la justicia, la paz, la igualdad y la fraternidad.

Y de este modo, Jesús Rey del universo, quiso enseñarnos la humildad y la obediencia, pues siendo el Soberano de todo, se hizo niño, dejándose ayudar y custodiar por María y su padre José. Jesús siendo Dios, la Sabiduría encarnada, escondió su divinidad y vivió sujeto a sus padres (“Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos” dice Lucas 2, 41-52) sólo por amor a nosotros, para darnos ejemplo de hijos.

Y si Jesús nos da el gran ejemplo para ser buenos hijos, de san José podemos aprender el modelo para ser bueno padres. Pensemos en la manera como Jesús expresa su amor y cercanía al Padre, incluso hasta llamarlo “Abba” (es decir, “Papito”), como llamaban los niños pequeños a su progenitor. Una experiencia de relación filial tan intima, cercana y amorosa que, sin duda, la había bebido de la relación con su padre José.

Pidamos a san José, en esta su solemnidad, que nos ayude a ser auténticos catequistas de las personas con quienes compartimos la vida y la fe en casa, en nuestros hogares. Que sepamos ser el rostro amoroso y cercano de Dios Padre con los que nos rodean, para que puedan experimentar lo que san Juan en su evangelio nos ha comunicado como buena nueva: ¡Que el Verbo ha puesto su tienda entre nosotros!

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